Por: Dagoberto Padilla  Morales

 Soy un hombre dedicado a transferir conocimientos a todas las generaciones que lo necesitan. Mi odisea comienza en los primeros días de octubre del 2006, cuando acudí a una cita con una médica general, ella después de examinarme quedo pensativa y junto a otros médicos que se encontraban en la IPS, optaron por dejarme hospitalizado, me pusieron sangre durante la noche, me realizaron varios exámenes y después de analizarlos, los médicos me diagnosticaron “ cirrosis hepática”, a pesar que externamente no presentaba la sintomatología común (diarrea y vomito de sangre), pero mis ojos comenzaban a palidecer y mi abdomen a crecer fuera de lo normal.

“¿Dios mío, Dios mío porque me haz abandonado?”

 El día que me dieron la noticia de la enfermedad que padecía el “mundo me cayo encima” todo se vino al suelo, “se me acabo la vida”, mi cuerpo y alma se fundieron en un estado depresivo, hasta el punto que me quería morir y para rematar un medico internista de la IPS, a la cual me encontraba adscrito me dijo estas palabras: “usted no dura un año con vida”. Me dije “¿ que tal esta ayuda psicológica”, se podrán imaginar ustedes la forma como este medico, se atrevió a retar a Dios, a la ciencia y a mi como paciente, y esto tiene su explicación, a la mayoría de las IPS, les resulta mas rentable para sus finanzas que muera un paciente que mantenerlo con vida. Hasta ese momento, octubre 15 de 2006, yo era una persona alejada de la vida espiritual, asistía a misa de vez en cuando a  acompañar a mi esposa o asistía alguna ceremonia de tipo familiar, para mi los oficios religiosos eran secundarios, pero desde el momento en que me diagnosticaron “ cirrosis comenzó mi vía crucis, porque yo sabia que la muerte me esperaba muy pronto, pensé en varias ocasiones en suicidarme, pero la oración me ayudo a buscarle sentido a la vida, tomé conciencia  de la enfermedad que vivía, y empecé hablar con Dios, en ese puente que une el silencio con la palabra, hasta el punto que la palabra enfermedad, fue tomando un aire familiar y poco a poco la fui aceptando como una hermana que me acompañaría los últimos años de mi vida, y así comencé a levantarme de la depresión que me consumía.

“ Tranquilo, aquí estoy yo!” Dios

En varias ocasiones fui hospitalizado y empecé a padecer de “encefalopatía” (perdida de la memoria parcial); en cierta ocasión estuve tan grave que fui internado en el hospital General de Medellín, y luego me llevaron al hospital San Vicente de Paul. Donde fui atendido por el científico y medico Luis Gonzalo Guevara, especialista en medicina interna, gastroenterología y hepatólogo, fue allí donde comencé a vivir y a sentir en la profundidad de mi alma la “presencia de Dios”.

Un día un sacerdote de tez blanca, se me acerco y me entrego una novena en honor a San Camilo de Lelis (Francia), aproveche para confesarme y estar en paz, recuerdo que yo le dije que me iba a morir, el sacerdote me contestó” hombre, tu no te vas a morir, porque en el fondo Dios nos creo para ser buenos, para buscar la perfección, somos la mayor obra de su creación”. Este hecho sucedió en presencia de una cuñada religiosa, allí sentí la presencia de Dios, con mas profundidad y recordé un fragmento del salmo 8 “¿Quién es el hombre para que te acuerdes de él, el hijo de Adán, para que de él cuides?.

Nunca olvidare a este sacerdote, ya que nunca más volví a saber de él, mis familiares lo buscaron en el hospital y nadie dio razón de él.

“Dios, este es de nosotros”

A finales del año 2006 comencé mi tratamiento en el hospital San Vicente de Paul, para desintoxicar mi organismo. Tuve alguna mejoría pero era transitoria, pero llegado el mes de enero de 2007, me ingresaron en la lista de espera para trasplante de hígado, la cual era bastante grande, comencé a realizar vueltas para mis exámenes de protocolo de trasplante y en el mes de marzo del mismo año me llamaron para trasplantarme, pero infortunadamente el hígado del donante salió “graso”, lo que impidió realizar el procedimiento quirúrgico.

Sin embargo seguí esperando con resignación hasta que el 24 de mayo del año 2007 a las 10 de la noche, me llamaron para realizar el trasplante, recuerdo dos palabras del doctor Gonzalo Guevara 5 días antes del trasplante  Dagoberto “ primero Dios que esta arriba, después nosotros, los médicos, veras que nos va a ir bien en tu trasplante”, esas palabras que nunca las olvidaré, y más de un científico como el doctor Guevara me dieron alegría y fortaleza, le dije a mis familiares que no se  entristecieran, que no me iba a morir.

Fue entonces como el día 25 de mayo del año 2007, apareció un donante de hígado ( una persona joven), con el mismo tipo de sangre mío, por lo tanto había compatibilidad, para realizar el trasplante, la cirugía duro 8 horas y fue un éxito, gracias a los cirujanos y médicos Jorge Gutiérrez, German Lenis, Mauricio Corrales y un grupo más de médicos y paramédicos, que colaboraron con el procedimiento quirúrgico del trasplante.

Al día siguiente 26 de mayo de 2007, a las 10 de la mañana, me desperté y las primeras palabras que escuché fueron las del doctor Guevara” Este es de nosotros”, esas palabras sintetizan la lucha que vive un medico en el campo de batalla, un hombre al servicio de otro hombre, que se aferra a la vida para ayudarnos a vivir.

¡Que bueno estar aquí!

 Mi recuperación en el hospital San Vicente de Paul, fue excelente y mi hospitalización fue de 10 días.

Durante mi recuperación, mi esposa y mi cuñada religiosa cuidaron de mi, mi cuñada me enseño a rezar el rosario, a leer la Biblia recibí la Común o Eucaristía, agradecí a Dios, a los médicos y a los familiares de mi donante, quien hoy vive la feliz resurrección al lado de Dios, mientras yo, continuo gozando la obra de su creación.

El hecho es de un ser trasplantado ha cambiado mi vida en 359º , ahora comprendo que la cruz del dolor no es final, fue el punto de partida para mi reencuentro con el creador de mi vida Dios.

Hoy comprendo la importancia de donar órganos, ya quien dona contribuye a “prolongar la vida de un ser humano, que lo necesita para obtener una vida digna”.

Agradezco también a la Asociación Nacional de Trasplantados que gracias a sus conferencias y charlas me han ayudado a mi recuperación, a los laboratorio que me han suministrado los medicamentos, y a todas las personas y entidades que de una u otra forma me han prestado su valiosa colaboración.

Hoy día mi vida es otra, más alegre, me dedico a colaborarle a las personas cuando me necesitan  o tienen una enfermedad.

Espero que este testimonio de vida sirva a otras personas que esperan algún órgano, para  ser trasplantado que lo ultimo que pierdas amigo lector o amiga lectora, sea la “ esperanza” y tener fè en Dios, que el donante de órgano va a aparecer en el momento menos esperado.

Que hermoso es volver a reencontrarte en mi camino Dios